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Unos años atrás tuve una época con ataques de ansiedad. Por aquel entonces, me estaba mudando a una casa y población nueva. Podría decirte que la compra-venta de una vivienda, las reformas o las mudanzas son estresantes, sin lugar a dudas. Sin embargo, lo que realmente me causaba ansiedad era pensar que no sabría hacerlo. 

Llegó un momento que mi nivel de ansiedad era tal que podía estar media hora mirando pasta de dientes y no decidirme por ninguna porque no era capaz de tomar ni una simple decisión por miedo. 

Lo primero a que le atribuí mi ansiedad fue a la falta de autoestima. Sin duda, si hubiera tenido más autoestima no hubiera tenido aquellos problemas de ansiedad. ¿O sí?

Soy como soy

En consulta me han llegado muchas veces explicando que su principal problema es la falta de autoestima. La autoestima es un concepto complejo que se compone por diferentes dimensiones como el autoconcepto, autoeficacia y autoimagen.

La autoestima se forma junto a la identidad personal por referencia a lo que nos rodea. Esto es que si de pequeña me dicen que soy más alta que la media, dentro de mi identidad personal me pondré la etiqueta alta. Sin embargo, mi autoestima puede subir o bajar en función de lo que me suponga ser más alta que la media.

¿A qué se debe? A la valoración que haga sobre ello. Si en mi entorno se acepta como algo positivo ser alta, lo intepretaré como algo positivo de mi identidad. Por contra, si sirve de mofa sentiré miedo de ser rechazada por tal característica, de la que poco puedo hacer.

Lentamente mi autoimagen se irá llenando de etiquetas que valoraré entre positivas o negativas. La información externa nos da la información sobre cómo parece que somos. Un ejemplo simple, soy mujer porque no soy hombre. Es una afirmación sobre mí misma, que puede crear controversia para unos, o ser reforzada por otros. Y tal vez, no soy cómo soy, sino cómo creo que debo ser según los otros.

A continuación te explico 5 factores erróneos sobre la autoestima.

Primer factor: la autocrítica

La Autocrítica es un proceso que incluye el reconocimiento de los propios errores, el aceptarlos, saber perdonarlos. También reconocer aquello que se hace bien y qué genera satisfacción aunque no sea reconocido por los demás.

Cuando aprendemos a hablar aparece el discurso interno. Es una narración dentro de nuestra mente. Nos narra sobre nosotros, nuestras emociones, valoraciones y acciones. Nos aprueba o nos crítica. También narra lo que creemos que piensan los otros sobre nosotros.

Si desde muy pequeño han sido reprimidas tus acciones y no fueron atendidas tus emociones, aparece un discurso interno lleno de críticas negativas, poco constructivas, donde se pone mayor atención en los hechos y apariencias. Aparece la vergüenza y la culpa, y la autoestima es baja.

El otro extrema es una autocrítica excesivamente positiva que no nos genera satisfacción. Tal vez, ser demasiado consentido y poco atendido emocionalmente, dio como resultado una autoestima dudosa de uno mismo.

optimismo

Segundo factor: responsabilidad

Responsabilidad es aceptar que la propia vida es consecuencia de las decisiones personales y salir del rol de víctima. En otro artículo te hablé de la importancia del locus de control interno o externo. Si atribuimos a las causas de nuestros logros causas internas como el esfuerzo, disciplina, implicación, paciencia,… sentiremos que tenemos mayor control sobre nuestras vidas.

Pero si se atribuye a los logros causas externas, como el clima, la disposición de la otra persona, golpe de suerte,… las causas son ajenas a nuestro control, lo que nos llevará a sentirnos perdidos, frustrados, y poco eficaces.

Ser responsable de las consecuencias de nuestras decisiones atendiendo los pros y contras, y asumiendo que existe un margen de riesgo, fortalece la autoestima.

Tercer factor: valor personal

Valor personal es la decisión individual de trabajar por el cambio para vivir con las propias expectativas.

El miedo al cambio suele estar en el centro de la dificultad para tomar ciertas decisiones. Este miedo al cambio puede estar motivado por el miedo a lo incierto, a perder la propia identidad personal. La identidad personal está en continua transformación ya que nos adaptamos progresivamente a las exigencia del entorno. Desde luego que no soy la misma que diez años atrás, ni tampoco la que seré dentro de otros diez. La edad conlleva cambios organizativos en nuestras vidas, acabar los estudios, encontrar trabajo, crear un núcleo familiar, cuidar de los hijos, de los padres,…

Así hay personas que se arriesgan a cambiar de profesión porque quieren tener más tiempo para la familia, un propósito definido de éxito, y deciden vivir más acorde a sus valores.

Cuarto factor: respeto

Respeto hacia uno mismo es el valor de nuestro tiempo que dedicamos a los demás como derecho propio a elegir y el derecho a tener de espacios personales para la propia salud mental.

La autoestima mal entendida podemos confundirla con egoísmo. Por contra, las personas con mayor autoestima son más generosas y receptivas a las necesidades de los otros. El miedo a dejar de ser querido, la celotipias o las dependencias emocionales son causadas por una baja autoestima.

El respeto es la flexibilidad y la responsabilidad de nuestras acciones hacia los otros. Respetamos cuando dejamos hablar sin interrumpir, sin prejuicios, y del mismo modo nos sentimos respetados cuando nos escuchan.

Quinto factor: limites sanos

Establecer límites sanos es el principio que debe regir los actos para no dañar al otro y el de no permitir que el otro nos dañe. El derecho a decir no, a no ser manipulados y a defender nuestras ideas desde el respeto. 

Parece que este es uno de los principales problemas de muchas personas. Las características de las personas con problemas para establecer límites sanos son excesivamente controladoras, fuerte sentido de responsabilidad por lo ajeno lo que conlleva sobrecarga, autoexigentes y perfeccionistas, implican la falta de descanso, autocuidado y contacto con uno mismo. 

La falta de asertividad y la evitación al conflicto son otro grupo de personas, que acaban por no establecer sus propios límites.

La suma de factores

El nivel de autoestima no se consigue de una vez y para siempre en la infancia. Puede crecer durante la madurez o se puede deteriorar.

Ser más flexibles y sobre todo más compasivos con nosotros mismos y con nuestras capacidades, para una vida con menos estrés.

Por último, la autoestima es un hábito, cuanto más tiempo lo realices más destreza tendrás. ¿Te atreves a adquirir el hábito?

Te invito a que pongas en práctica estos consejos, y si necesitas más información o ayuda ponte en contacto conmigo, a través de mi mail hola@merchemoriana.com.

TE DEJO ESTOS ARTÍCULOS QUE VAN DE LA MANO DE ESTE:

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